13 octubre 2021

8 de julio de 2021Prefacio del historiador, abogado y escritor Julio Cesar Mota Acosta al libro: El rey del Momise, Los Guloyas y los cocolos en la industria azucarera de San Pedro de Macoris, de la autoría del periodista Enrique A. Cabrera Vásquez (Mellizo).Prefacio del historiador

 

EL INFORME

MIÉRCOLES, 13 DE OCTUBRE DE 2021

escrito por: Julio César Mota Acosta

 
Santo Domingo Este, 22 de junio del 2021.  Con grato placer he recibido la invitación del amigo, compañero de larga data de lucha revolucionaria y prolífico escritor y periodista Enrique Alberto Cabrera Vásquez, (El Mellizo, como todos los macorisanos lo conocemos)  para que escribiera este prólogo de esta su última obra biográfica: “El rey del Momise, Los Guloyas y los  cocolos en la industria azucarera de San Pedro de Macoris”.  Es muy bueno anotar en este introito,   que El Rey del Momise, a quien  se refiere el expresado autor,  es el señor nativo de una de las islas de Barlovento, Teofilus Chiverton,  mejor conocido por todos los petromacorisanos como PRIMO,  el rey de la  una de las comparsas danzante de  los cocolos en San Pedro de Macorís.

Esta obra entrelaza, como lo indica su título,  de manera historiográfica la figura de Teofilus Chiverton, con los cocolos y la industria azucarera del país, y en particular de San Pedro de Macoris.  Su análisis acucioso nos adentra en un mundo en el cual, se muestran todas las urdimbres históricas manejadas antojadizamente  por los explotadores esclavistas de aborígenes, primero, y de los esclavos arrancados y secuestrados del continente africano, después.   De este original oprobio de los supremacistas blancos, que gobernaron los países  de la  vieja Europa imperial, primero, y luego de los imperialistas norteamericanos, es que arranca toda esa historia de muertes, torturas y de abusos de todos los matices, que condujeron a una colonización bárbara llena de oprobios contra los esclavos aborígenes y negros. Esa cruel y criminal  narrativa de atropellos inenarrables,  se convirtió  en el cordón umbilical que  da  por nacimiento las colonias de los pueblos del Caribe antillano.

Así también, este ensayo biográfico con interesantes pasajes  de relevancias históricas, trata del surgimiento de nuestra industria azucarera y de la contribución que hicieron los pueblos vecinos de la región antillana. Incursiona en fechas y datos   que entrelaza el desarrollo, no solo en el aspecto de la manufactura de la caña de azúcar, sino también, el desarrollo económico, social y cultural de San Pedro de Macoris, que fue, en esa época, el eje principal de esa revolución azucarera.

Por eso, siempre he sostenido que la fenomenología cultural dominicana, no puede analizarse, aunque se quiera, fuera del contexto de los aportes de las diferentes etnias, que a los largo de nuestra historia, han venido asentarse de manera permanente en nuestro suelo quisqueyano.

Esta aseveración se cumple y se observa con mayor fuerza y claridad, cuando estudiamos el acervo cultural de la provincia de San Pedro de Macoris. 

Ciertamente, a finales del siglo XIX y a principio del siglo XX,  como  bien apunta el autor del rey del Momise, Los Guloyas y los cocolos en la industria azucarera de San Pedro de Macorís San Pedro de Macoris,  fue receptora de una buena cantidad de inmigrantes de las más variadas latitudes. En esa época, al decir de algunos, esta ciudad le causaba una obsesión infinita y una atracción sin límites a españoles, árabes ingleses, franceses, alemanes, holandeses, asiáticos, norteamericanos, cubanos, puertorriqueños, y barlovertinos-sotaverntinos.

 Foto,  de izquierda a derecha, Eduardo George (Yural), el asesinado comunicador Leo Martínez y Teofilus Chiverton (Primo), rey de la danza  Momise, de los cocolos o ingleses  de San Pedro de Macorís

Cada uno de estos grupos humanos vino a gravitar en distintos grados en el proceso del desarrollo político-económico-social-cultural de la Republica Dominicana.  De manera que el análisis de los patrones culturales que trajeron consigo cada uno de estos inmigrantes y de los fenómenos sociales que resultan del contacto de ellos con nuestra cultura, reviste para nosotros vitalísima importancia porque indudablemente estos aspectos son partes integrantes del conjunto de causas que explican, de manera condicionante o determinante, la actual estructura de la personalidad del dominicano.

Ahora bien, en esta acción solo nos ocuparemos de las aportaciones culturales de una de las mencionadas etnias. Los cocolos.  Estos inmigrantes, que como hemos dicho, procedieron de las islas caribeñas que están situadas en forma de arco en la parte oriental del mar Caribe, eran  (y algunas todavía están bajo el régimen del Commonwealth) en su mayoría, posesiones de Gran Bretaña.

En una conferencia que dicte  hace tres  años en una de la Feria del Libro Petromacorisano, presenté una foto tomada en el año 1913, en la cual el Periódico El Vocero, de Puerto Rico, reportaba un piquete frente al Palacio de la Gobernación, de ese Estado Asociado,  protagonizado por un grupo de  trabajadores boricuas,  quienes blandían pancartas en  que se leía: “FUERA LOS TORTOLOS” “NO QUEREMOS TORTOLOS”, refiriéndose, claro está, a los braceros barloventinos y sotoverntinos súbditos de la corona inglesa.  Decimos, esto porque, en esta biografía del Primo, el autor recoge la vieja disputa en torno al verdadero origen de la palabra “Cocolos” mote, en su origen,  de carácter peyorativo para denominar a esos disciplinados  y decentes ingleses antillanos.  De suerte y manera, que no hay dudas hoy día, que la palabra cocolo, proviene de una corruptela de la palabra Tortolos, como sostenía el Profesor Byas, y que nosotros corroboramos con plena seguridad. Ese calificativo estaba revestido de un claro tinto de odio racial.  Prueba de ello, era los titulares de los periódicos dominicanos  de esa época. Muchos de ellos, como por ejemplo el Listín Diario, utilizaban los peores calificativos cuando se referían a estos inmigrantes, tales como “Plagas de langostas negras”. Pero afortunadamente, en la actualidad el calificativo no tiene esa connotación. Sino, todo lo contrario,  no son pocas las parejas de Petromacorisano que se  endilgan mutuamente, el mote de cocolo en una clara y sincera manifestación de cariño.

San Pedro de Macoris era, sin dudas, con sus ocho ingenios azucareros, la máxima exponente de la producción del dulce de la caña, al extremo de que el periodo de su mayor auge, en la segunda mitad del segundo decenio del siglo XX, se le llamo “La Danza de los Millones”.

Las inmigraciones de cocolos a nuestro territorio  fue creciendo de manera sostenida desde el año 1884, año en  que el Prof. Patrick Bryan,  indico que fueron unos 500 braceros  que iniciaron las venidas país, para  al corte de la caña. El censo del año 1920 registró a 5,763 inmigrantes ingleses caribeños, de los cuales 3,615 residían en San Pedro de Macoris. Esta proporción se mantuvo hasta el próximo censo del año 1935, cuando se registraron 9,272 cocolos.  De suerte y manera, que San Pedro de Macoris, fue, y sigue siendo el asiento principal de los inmigrantes ingleses caribeños y donde, obviamente se pueden inventariar, procesar y clasificar con mayor rigor, los timbres culturales   que distinguen a esta etnia; y que por supuesto, nos legaron mediante ese interesante proceso, de aculturación con nuestro pueblo.     

En el año 1923, de una goleta procedente de la isla de Nevis, posesión inglesa del conjunto de islas que     conforman el archipiélago barloventino, descendió  un bracero de carácter sereno pero firme. Sin dobleces, de conducta seria y responsable, que en el transcurso de su vida y accionar como trabajador del ingenio Angelina, perteneciente al municipio de San Pedro de Macorís, se incubó el icono de los bailes, juegos y representaciones teatrales cocolas, el Rey de los danzantes de los  inmigrantes ingleses antillanos.  Ese icono de las compasas cocolas, era Teofilus Chiverton, bautizado por nosotros, los petromacorisanos,  como  PRIMO.  Fue tal la penetración de este insigne cocolos, en la conciencia de todos los macorisanos, que este sobrenombre no podía ser de otra manera, pues  de inmediato consideramos a este hombre ejemplar, como si fuera nuestra un miembro más de la familia .Macorisana.  

Fue tal la entrega y la devoción de este ilustre cocolo al ritmo del Momise, que me atrevo a sugerir que además de su reinado debía adicionarle el galardón de Sumo Sacerdote del Momise.  Ciertamente, su entrega de cuerpo y alma a ese ritmo,  que se puede decir, sin lugar a equivoco,  toda su vida de danzante lo cultivó, de corazón y alma,  como si fuera una religión pagana e idolatra. .  

Y sostengo esto, pues de que otra manera se le puede  llamar a un jefe de comparsa de bailes y dramas callejeros, que disponía año tras año, en  semanas antes de sus exhibiciones en las calles de los barrios y bateyes de Macoris del mar, disponía, repito, que su  grupo de manera obligatoria, debía ensayar, practicar todas  y cada uno de los números de bailes y dramas, solo por  el empeño de mostrarle al pueblo, que sus números danzantes y dramáticos,  fueran cada vez mejores en todos los sentidos.

Las  tradicionales temporadas anuales  para las presentaciones populares de bailes de Los Guloyas y  Los Indios, (Wild Indiam)  eran en San Pedro de Macoris,  A) La  temporada de nuestros carnavales en todo el país, que se inician con la conmemoración de nuestra independencia nacional, cada 27 de Febrero. B) Las fiestas patronales de San Pedro de Macoris, que se conmemoran  cada 29 de junio, día de  San Pedro Apóstol y,  C) .Las  festividades  de las  pascuas navideñas y las fiestas de fin y principio de año.

Pues, bien semanas antes de cada una de esta temporada, Primo convocaba a su grupo de Momise,  en la esquina formada por calle Zayas Bazán, a esquina de la calle Ramón Mota,  en horas de la noche, todos vestidos de “civil”, pero con sus “fuestes”  y garrotes, para allí, ensayar todos los ritmos y dramas que pensaban presentárselas a pueblo.  Toda la muchachada miramareña  de la época,  asistían a estas prácticas, en las cuales Primo exigía que todos los danzantes tomaran bien en serio sus ensayos.     
 
Los demás grupos danzantes, como por ejemplo,  Los Indios, liderados por la dupla de Chaplin y Linda,  que yo sepa, y nadie me ha sacado de duda,  no ensayaban nunca. Le hacían honor a su nombre de Los Indios Locos Salvajes, como me dijo el mismo Chaplin.

Deseo confesar, con toda la humildad y sinceridad posible, que así, como en todo espectáculo cultural o artístico, hay un momento estelar, grandioso que concita y atrae  la atención de todo el público presente y a toda la teleaudiencia que disfruta del mismo, así, también en toda obra literaria existe un capitulo cumbre,  un párrafo excelso, o un epilogo glorioso, en fin, un pasaje en el cual el autor adquiere los más altos vuelos de su pluma y las más profundas y sagradas   consideraciones espirituales de su recóndito   pensamiento;  así  pues considero que el capítulo de esta biografía, adquiere, sin dudas, esta dimensión, es el capítulo titulado “Mi adiós al Rey  Momise”  Me llamo poderosamente la atención este capítulo, pues me cautivó  el estilo  utilizado por Cabrera Vásquez,  y me recordó lo que decía Buffon., “El estilo es el hombre”.  En este apartado, el autor  demuestra que maneja con soltura y donaire, la llamada “prosa poética.”  Esa prosa solo está destinada para los grandes escritores. 

 Foto del periodista y escritor, Enrique Alberto Cabrera Vásquez (Mellizo).Finalmente quiero  asimismo  expresar, en esta antesala literaria, mi profundo reconocimiento a las dotes intelectuales que adornan y caracterizan al amigo y hermano Cabrera Vásquez, quien además de ser un exquisito cultor de la poesía, el ensayo, y la crítica literaria, ha añadido  a su amplio  caudal  literario,  el género de la biografía.  Ha sido el biógrafo del  famoso pelotero de las grandes ligas, Ricardo Carty;   del poeta y cuentista René del Risco Bermúdez, del Poeta Nacional Pedro Mir Valentín, del doctor José A. Hazim Azar, fundador y rector Magnífico de la Universidad Central de Este; del líder Sindicar de los Trabajadores del  Azúcar y  dirigente cooperativista,  Lic. Rafael  Antonio Jarvis Josep y del también poeta, periodista, novelista  e intelectual Freddy Gaton Arce; además de sus ensayos El amor como locura apetecida, Conceptualización científica del arte y su narrativa Pempén traidor de marca mayor. Con el  presente  ensayo biográfico sobre la vida  de Teofilus Chiverton, (Primo), el rey de la danza de cocolos  conocida como  Momise,  yo me permito declarar al periodista, poeta, ensayista y reconocido panegirista,   Enrique Alberto Cabrera Vásquez mejor conocido por el apodo de Mellizo dado que es gemelo del periodista y abogado Alberto Enrique Cabrera Vásquez, Los Mellizos Cabrera Vásquez de San Pedro de Macorís, como una especie de  Stefan Zweig  Petromacorisano,  en vista de  su similitud con el austríaco autor  de las biografías de Joseph Fouché. Retrato de un hombre político, María Antonieta,  Magallanes. El hombre y su gesta,  Paul Verlaine, Montaigne, Balzac: La novela de una vida,  Erasmus de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un humanista,  María Estuardo,  Romain Rolland, Amok o el loco de Malasia, Tres maestros, Veinticuatro horas en la vida de una mujer y otras numerosas obras  de relatos, novelas y  ensayos,  amenas y encantadoras.    

 
Vaya,  pues,  mi felicitación y reconocimiento a su esfuerzo y dedicación por brindarle no solo a San Pedro de Macorís, sino al país, otra obra  interesante de alto valor  intelectual,  cultural y literario.  

JULIO CESAR MOTA ACOSTA, autor de la obra Los cocolos en Santo Domingo.
Santo Domingo Este.  22 de junio del 2021.     
vhttps://youtu.be/zkZBA6isSQw
https://youtu.be/Jf2emnqQw9o
https://youtu.be/jpA3s3ctN7Y
https://youtu.be/KjTmVGS7GL0
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Fue un éxito puesta en circulación libro El rey del Momise, Los Guloyas y los Cocolos en la industria azucarera de SPM

Escrito por: Dulce María Reyes

SAN PEDRO DE MACORIS, domingo 10 de octubre, Fue todo un éxito la presentación y puesta en circulación, del libro El rey del Momise, Los Guloyas y los Cocolos en la industria azucarera de San Pedro de Macoris, de la autoría del periodista, ensayista, historiador, poeta y dirigente político, Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo), la mañana de este domingo, en el Centro Cultural Macorisano.

Pese a ser el domingo en la mañana  un día incomodo en razón  de que se le dedica  a la familiar y los creyentes aprovechan para asistir a los cultos religiosos, el salón estuvo bastante concurrido.

Aquí se confundieron hombres y mujeres con inclinaciones por la literatura y el ambiente cultural,  apoyando solidariamente con su presencia la puesta en circulación de un trabajo  de carácter histórico, que según el sociólogo Dagoberto Tejeda Ortiz, “es un libro para su divulgación en escuelas, colegios, universidades, instituciones culturales y organizaciones populares, donde la Alcaldía de la ciudad de San Pedro de Macorís debe tener una responsabilidad determinante, para colocar a los Cocolos en su justa dimensión histórica y valorar a los Guloyas como expresión cultural de la humanidad como proclamó la UNESCO en el 2015".

La presencia de reconocidos profesionales, intelectuales, escritores, profesores, poetas y personas vinculadas al ámbito cultural, indica claramente la calidad de los presentes.

La actividad que inició con el Himno Nacional siguió con la presentación de la mesa de honor  presidida por el autor de la obra, los  reconocidos médicos hermanos Fleck, nietos e hijos de crianzas de Teufilus Chiverton (Primo), el escritor Julio Cesar Mota Acosta, autor del prefacio, el economista Bienvenido  Núñez Mirabal, en representación del doctor Jesús Feris Iglesias y el profesor e historiador, Agosto Bravo, en representación del sociologo0 Dagoberto Tejeda Ortiz, quien prologó el libro.

Bravo, en su discurso resaltó la importancia de este libro, y anunció que lo someterá al Consejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, para que el mismo forme parte de los textos de consulta de la Casa de Altos Estudios, para los estudiantes de historia.

De su parte Mota Acosta, autor del prefacio, indicó que este libro es más amplio que su libro “Los cocolos en Santo Domingo", al abarcar más áreas y entrelazar magistralmente esos inmigrantes con el desarrollo de la industria azucarera desde finales del siglo X1X y principio del XX.

En el prefacio Mota Acosta sugiere proclamar a Cabrera Vásquez “como una especie de Stefan Zweig Petromacorisano" por la suma de obras biográficas que ha producido sobre la vida de destacadas figuras de San Pedro de Macoris, como los casos de Ricardo Carty, don José Hazim Azar, Rafael Jarvis Josep, Freddy Gaton Arce, René del Risco Bermúdez y Pedro Mir Valentín.
 
El abogado y locutor Aris Palmero hizo de maestro de ceremonia.

Entre los presentes se destacó la presencia de Aurora Musa Hazim, el medico e historiador Fermín Álvarez, la profesora Elsa Wells, el doctor Fuster, Margarita Cataldi, el economista Bienvenido Núñez Mirabal, el licenciado José Antonio Chevalier, el director de teatro Máximo Castro, la escritora y poeta Aurelia Castillo, la declamadora Aurora Rodríguez, el medico Hipólito Medina (Morocho), Iván del Risco, el ingeniero Colín, la médico Lucitania Álvarez,  y el médico y abogado Félix Orlando de León.

También, la médico Mercedes Rodríguez, el abogado Daniel Mejía del Castillo, el periodista Jesús Sánchez Vásquez, el ingeniero Raúl Lebronas, Juan Antonio Figueroa, la profesora Julia Figueroa, Luis Brugal, Sandra Brugal, Ricardo Industrioso, María Industrioso, Ramón Paulino, el abogado Mario Carbuccia hijo, la profesora de la UASD, Rissori Mejía Polanco, el médico y catedrático universitario de la UCE, Goldny Mil