05 noviembre 2021

Denuncia profesor: “sin educación emocional, no sirve para nada resolver ecuaciones”

 Listin Diario


Educar en emociones es tan vital como enseñar a las personas a leer y escribir, según Rafael Guerrero. Sin una gestión saludable de los sentimientos es difícil que los jóvenes se vuelvan adultos competentes. Por lo tanto, este profesor denuncia la falta de educación emocional en las escuelas y aboga por una enseñanza más humana. Para él, no solo importa qué tanto sepa el estudiante, sino también cómo se sienta.

Ahora bien, la pregunta sería: ¿es tan esencial como afirma esta figura? ¿Cómo podría implementarse este tipo de educación en las aulas? Hay varios retos que superar antes de lograr este objetivo, pero sus aplicaciones prometen mucho.

La importancia de la educación emocional en las escuelas

Rafael Guerrero es profesor de la Universidad Complutense de Madrid en los programas de Magisterio. Como docente, se dedica a la enseñanza de técnicas de gestión emocional. Si bien no están dentro del currículum académico normativo, para Guerrero es un aspecto clave de la educación.

De acuerdo con él, gran parte de los problemas que tienen los adultos se deben a la incapacidad para regular sus emociones. También cuenta como sus estudiantes relatan no haber recibido apoyo a nivel emocional por parte de su entorno en la infancia. Todo esto genera problemas de adaptación en la edad adulta, nudos costosos de deshacer.

Por esa razón, Guerrero declara que es importante trabajar la educación emocional en las escuelas desde todos los niveles. Un adulto puede llenarse de conocimiento, pero si sus emociones le juegan un mal rato, es poco probable que lo aproveche. Entonces, ¿sí es necesario enseñar sobre los sentimientos?

A continuación, se analizarán las evidencias científicas que apoyan ese argumento.

No hay una definición única de la inteligencia. Por lo general, se describe como la capacidad cognitiva que permite al individuo aprender, pensar y utilizar conocimientos de modo eficiente. También, suele asociarse con la capacidad de solucionar problemas y adaptarse al entorno.

En este sentido, los primeros estudios sobre este proceso psicológico se centraron solo en sus dimensiones cognitivas. Más adelante, otros investigadores como Welsch (1943), resaltarían la importancia de otros factores intelectuales que influían sobre la inteligencia.

Luego, Howard Gardner reforzaría este argumento con su teoría de las inteligencias múltiples en 1983. Después, sería Daniel Goleman quien haría popular el término con su libro Inteligencia Emocional, publicado en 1995. En su obra, expone como las emociones dominan una gran parte de la actividad intelectual según lo que se conoce sobre el cerebro.

Desde la aparición y popularización de este tópico se han hecho muchas investigaciones respecto al tema. Carmeli, Yitzhak-Halevy y Weisberg (2009) publicaron un trabajo sobre la inteligencia emocional y bienestar psicológico. Como resultado, encontraron que la inteligencia emocional se vinculaba de manera positiva con mayor autoestima, satisfacción y auto-aceptación.