El mundo del deporte vive en este 2022 una revolución política en cuanto a las normas de elegibilidad para las mujeres transgénero que quieren disputar competiciones femeninas. Desde que el Comité Olímpico Internacional decidió que cada federación internacional tenga sus propias reglas en 2021, la natación y el rugby han dado un paso adelante, haciendo prácticamente imposible que un hombre que haya hecho la transición a mujer después de pasar la pubertad pueda competir con otras chicas.

Otros deportes como el fútbol y el atletismo ya han anunciado que revisarán sus políticas en los próximos meses, con la intención de seguir las directrices que plantea la natación. De esta manera, las dos federaciones más importantes de los Juegos Olímpicos y otras dos con una relevancia global pondrán restricciones a la participación de estos deportistas. Cabe destacar que la FINA ha establecido la apertura de una categoría abierta para que compitan nadadoras transgéneros, otro camino que tiene precedentes con los no binarios.

En este tiempo también hay federaciones que han decidido mantener abiertos sus categorías femeninas a las deportistas trans, pero restringiendo su acceso, como el ciclismo. El tenis sigue manteniendo su directriz sobre la cantidad de nanomoles de testosterona por litro de sangre de hace años, como el baloncesto. Deportes como el golf tienen unas normas más laxas y la mayoría se sigue rigiendo por la directriz anterior del COI de 2015.

Todo cambia tras los estudios que defienden que las deportistas transgéneros que han pasado la pubertad siendo varones adolescentes tienen ventajas físicas con respecto a las mujeres biológicas. A partir de ahí, se ha tratado de igualar las tornas controlando los niveles de testosterona que aparecen en los cuerpos de estas profesionales. El problema para los defensores de que no deben competir en categoría femenina está en que ya se han beneficiado de las ventajas asociadas al hombre.

Se esperaba que alguien diera el primer paso. El rugby lo dio, pero su peso como federación olímpica no es tan importante como la natación. Este deporte se vio entre la espada y la pared con el caso Lia Thomas, que recopilando consejos médicos, científicos, deportivos y judiciales, ha abierto la puerta a un veto general a las deportistas transgénero en competiciones femeninas. Además, también ha generado discordia con la creación de una tercera categoría para esas personas que no se sientan identificadas con el género biológico.

Se puede hablar de censura a las deportistas trans por la imposibilidad de cumplir los parámetros propuestos en rugby y natación. La FINA decidió que las nadadoras transgéneros que han pasado por la pubertad masculina (que hayan hecho su transición después de los 12 años) no pueden competir en categorías femeninas en todas aquellas competiciones que se rijan por las normas del organismo mundial. Lo mismo sucede en aquellas que organiza World Rugby y la International Rugby League.

Cabe resaltar que la mayoría de países no recomiendan legalmente hacer una transición hasta pasados los 14 años, cuestión que hace poco probable que se cumpla con estas políticas. Lia Thomas no dejó de ser Will para convertirse en la persona que es ahora hasta los 19 años. En el caso de la natación, James Pearce, portavoz de la FINA, aclaró que no están pidiendo que las transiciones empiecen antes de esa edad y que la intención es que la nadadora no tenga una "ventaja injusta".

World Athletics puede ser la siguiente federación en actualizar esta política. El atletismo fue uno de los entes que primero se tuvo que enfrentar a casos de lo que se conoce como Desarrollo Sexual Diferente (DSD) con Caster Semenya. Ahora, Sebastian Coe explica que estudian aplicar restricciones similares: "Siempre hemos creído, y lo hemos repetido constantemente, que la biología triunfa sobre el género y continuaremos revisando nuestra normativa en consonancia con esto".

La FIFA también ha admitido que está en un período de revisión de sus políticas de elegibilidad. El organismo que dirige Gianni Infantino estudia establecer unos límites de edad para hacer la transición y de testosterona por las desigualdades que pueden existir. El máximo ente del fútbol mundial trabaja con expertos médicos, legales, científicos y de derechos humanos. Es probable que las jugadoras transgéneros que han pasado por la pubertad masculina no puedan disputar partidos en categoría femenina.

Al menos dos federaciones muy importantes no han anunciado cambios por ahora. La ITF sigue estableciendo que un jugador transgénero puede competir en categoría femenina siempre que los niveles de testosterona estén por debajo de los cinco nanomoles por litro durante los últimos 12 meses. La FIBA expone que debe haber hecho la transición cuatro años antes y mantener durante el mismo marco de tiempo que el tenis los niveles de testosterona por debajo de 10 nanomoles.