06 septiembre 2022

El único proveedor de barro del béisbol podría perder pronto su trabajo

 

Jim Bintliff usa una pala y un cubo para recolectar barro del río Delaware, en el sur de Nueva Jersey, el domingo 24 de julio de 2022. (Hannah Beier/The New York Times)
Jim Bintliff usa una pala y un cubo para recolectar barro del río Delaware, en el sur de Nueva Jersey, el domingo 24 de julio de 2022. (Hannah Beier/The New York Times)

Un barril de goma de 170 litros permanece en un garaje abarrotado en la costa de Nueva Jersey, lleno hasta la altura de la cintura con lo que parece ser el pudín de chocolate menos apetitoso del mundo. No es más que barro gelatinoso, pegajoso y viscoso.

¡Ah!, pero qué barro. Es el barro del que están hechos los sueños.

Este lodo en particular, acarreado en cubos por un hombre desde un lugar secreto en la ribera de un río de Nueva Jersey, es único en su capacidad para eliminar lo resbaladizo de una nueva y brillante pelota de béisbol y proporcionar un agarre firme para el lanzador que la arroja a una peligrosa velocidad hacia otro humano que está de pie frente a él a solo unos 18 metros de distancia.

En cualquier estadio importante de las grandes ligas se pueden encontrar recipientes con la sustancia. La misma se frota en cada una de las 144 a 180 pelotas que se utilizan en cada uno de los 2430 partidos de las grandes ligas que se juegan en una temporada, así como los que se realizan en la postemporada. Embarrar una “perla” —una pelota prístina recién sacada de la caja— ha sido una costumbre del béisbol durante la mayor parte del siglo pasado, desde que un exjugador multiuso y mánager llamado Lena Blackburne presentó el barro como una alternativa a la saliva con tabaco y la tierra del campo, los cuales tendían a convertir la pelota en una ciruela casi podrida.

Consideremos lo que esto significa: el Béisbol de las Grandes Ligas (MLB, por su sigla en inglés) —una compañía multimillonaria que aplica la ciencia y el análisis en casi todos los aspectos del juego— depende en última instancia de un lodo geográficamente específico recolectado por un jubilado con cola de caballo canosa, tatuajes borrosos en los brazos y una pala.

“En las últimas seis semanas he realizado entregas a los Diamondbacks, los Rangers y los Azulejos”, afirmó recientemente el hombre del barro, Jim Bintliff, mientras permanecía en posición protectora junto a su barril de fango guardado en el garaje.

Jim Bintliff empaca el barro procesado para su envío, en su casa en Longport, Nueva Jersey, el domingo 24 de julio de 2022. (Hannah Beier/The New York Times)
Jim Bintliff empaca el barro procesado para su envío, en su casa en Longport, Nueva Jersey, el domingo 24 de julio de 2022. (Hannah Beier/The New York Times)

Sin embargo, los ejecutivos del MLB no tienen precisamente una debilidad emocional por la caprichosa tradición del llamado Barro para Frote de Pelotas de Béisbol Lena Blackburne, el cual aseguran que con demasiada frecuencia se aplica de forma inconsistente. En su búsqueda por lograr que las pelotas sean más consistentes —y el juego más equitativo— han tratado de encontrar un sustituto e incluso han asignado químicos e ingenieros para desarrollar una pelota que tenga la sensación deseada.

El marcador hasta el momento:

Lena Blackburne: 1

MLB: 0

Glen Caplin, vocero del MLB, afirmó que las “pelotas de béisbol premanipuladas” siguen siendo probadas en las ligas menores. Pero las críticas han sido mixtas.

“Si cambias alguna propiedad de una pelota de béisbol, sacrificas algo”, afirmó Caplin. “El sonido al batearlas es diferente. La pelota se siente más suave. Los parámetros para cambiar una pelota son muy exigentes”.

Sin embargo, Caplin afirmó que “es un proyecto en desarrollo”.

Bintliff sabe que el juego no ha terminado. Afirma que los aparentes esfuerzos del béisbol por desplazarlo tanto a él como a su barro solían preocuparlo enormemente. Ahora, asegura, se ha vuelto más filosófico.

“Si dejaran de hacerme pedidos, estaría más indignado por el final de la tradición, no por mis ganancias”, aseguró, de pie en su garaje con pantalones cortos rojos y zapatillas altas blancas Chuck Taylor. “Si no quieren el barro, no tienen que comprarlo”.

La tradición comenzó con Russell Blackburne, también conocido como Lena, un jugador de cuadro enérgico que no bateaba mucho que dio tumbos por las ligas mayores en la década de 1910 antes de establecerse como entrenador y mánager de las grandes ligas. Toda su vida se la dedicó al béisbol y se le puede ver en fotos en blanco y negro junto a figuras como Ty Cobb y Connie Mack.

Durante su etapa como entrenador de tercera base de los Atléticos de Filadelfia en 1938, escuchó a un ampáyer quejarse de la dificultad de preparar pelotas nuevas para su uso. Blackburne experimentó con lodo de un afluente del río Delaware, cercano a su casa en Nueva Jersey, y descubrió que eliminaba lo resbaladizo de su superficie brillante y mantenía su blancura en su mayor parte.

Ahora tenía un empleo secundario. Después de un tiempo, todos los equipos de las ligas mayores y menores usaban lo que a veces se denominaba como “barro de Misisipi”, aunque en realidad “misterioso” habría sido más acertado que “Misisipi”.

Antes de su muerte en 1968, a los 81 años, Blackburne le legó la información del lugar secreto a un viejo amigo que lo había acompañado en la recolección del lodo: el abuelo de Bintliff, quien se lo dejó a la madre y padre de Bintliff, quienes a su vez se lo pasaron a Bintliff en el 2000.

Bintliff, de 65 años, sirvió en la Marina y trabajó durante décadas como operador de una imprenta, pero el barro místico fue siempre una constante en su vida. Incluso hoy, se ve a sí mismo como era en 1965, un niño delgaducho que cargaba cubos de lodo recién recolectado en la parte trasera del Chevy Impala de su abuelo.

A lo largo de los años, Bintliff y su esposa Joanne, quien se encarga de la parte administrativa, han modificado el modelo de negocio. Por ejemplo, antes solía recolectar barro una o dos veces al año. Pero expandir su mercado a equipos de fútbol colegiales y profesionales —incluidos algunos en la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por su sigla en inglés)— ha requerido que realice viajes mensuales de recolección a la orilla del río.

Sin embargo, el trabajo fundamental sigue siendo el mismo y el tiempo correcto para la recolección depende de la marea.

Bintliff conduce su camioneta Chevy Silverado unos 112 kilómetros hasta el lugar secreto y camina unos 45 metros a través de una zona boscosa. Junto con su pala y baldes, lleva un machete para eliminar cualquier maleza y un conjunto de mentiras para lidiar con algún inquisidor. Por ejemplo, a veces dice que el barro hace milagros en su jardín.

Luego, regresa a su hogar en la costa de Nueva Jersey. El viaje lleva más tiempo que la recolección.

Durante las siguientes cuatro semanas, Bintliff cuela el barro en barriles de goma, elimina el agua de río que queda en la superficie, usa abundante agua del grifo para eliminar el olor, aplica un “tratamiento patentado” que se niega a describir y deja que todo se asiente.

Se añeja como un buen vino”, afirmó.

Un asistente de los Tigres de Detroit frota nuevas pelotas de béisbol con el barro de la marca Baseball Rubbing Mud de Lena Blackburne durante los entrenamientos en 2007. (Foto: Mark Cunningham/MLB Photos a través de Getty Image)
Un asistente de los Tigres de Detroit frota nuevas pelotas de béisbol con el barro de la marca Baseball Rubbing Mud de Lena Blackburne durante los entrenamientos en 2007. (Foto: Mark Cunningham/MLB Photos a través de Getty Image)

Cuando el barro ha alcanzado su punto óptimo, Bintliff completa los pedidos pendientes —100 dólares por el tamaño profesional de 1 kilogramo, 65 dólares por el tamaño institucional de 680 gramos y 25 dólares por el tamaño “personal” de 226 gramos— y se dirige a la oficina de correos para enviar los contenedores de plástico llenos de barro.

Bintliff afirma que su ganancia es modesta. Por ejemplo, dijo que el MLB paga menos de 20.000 dólares al año para que cada uno de los 30 equipos de la liga reciban 4,5 kilogramos de lodo Lena Blackburne. Si un equipo necesita más durante una temporada, trata directamente con él.

Bintliff asegura que no le motiva tanto el dinero sino lo maravilloso del asunto. Imagínense: este barro, que contiene una composición mineral muy particular, es utilizado para bendecir a todas las pelotas de las grandes ligas. Y si el MLB no entiende esa maravilla, pues, según Bintliff: “Qué así sea”.

Para garantizar un suministro constante de pelotas de béisbol, la MLB se ha convertido en copropietaria de Rawlings Sporting Goods Co., la cual fabrica pelotas de grandes ligas en una fábrica en Costa Rica. Se presume que esa medida también le da a la MLB algo de poder sobre el producto terminado.

Y para proteger el honor del béisbol, la MLB ha tomado varias medidas, incluida la prohibición y sanción de la manipulación de pelotas con sustancias similares al pegamento Gorilla Glue que le permiten a un lanzador incrementar la velocidad de giro y alcanzar un movimiento casi de pelota de Wiffle.

Aun así, queda por resolver el complicado asunto del barro.

Casey Chavez de los Atléticos de Oakland frota pelotas de béisbol con el barro Delaware Mud en el banquillo antes de un partido el 25 de julio de 2015. (Foto: Michael Zagaris/Oakland Athletics/Getty Images)
Casey Chavez de los Atléticos de Oakland frota pelotas de béisbol con el barro Delaware Mud en el banquillo antes de un partido el 25 de julio de 2015. (Foto: Michael Zagaris/Oakland Athletics/Getty Images)

Según Caplin, el vocero del MLB, la dirección de la organización comenzó a recibir quejas de que algunas pelotas carecían del agarre deseado y se “sentían terrosas al tacto”, quizás por permanecer demasiado tiempo en el fondo de las bolsas de pelotas. La MLB comenzó una investigación que incluyó pedirle a cada uno de los 30 equipos que enviaran videos de los empleados del “clubhouse” cuando “embarran” las pelotas para su uso el día de los juegos.

“Lo que encontramos fueron 30 formas diferentes de aplicar el barro”, afirmó Caplin. “Algunos simplemente usaban una toalla, mientras que otros realmente la llenaban de barro y lograban que el lodo se incrustara en el cuero”.

Los ejecutivos del MLB respondieron enviando un memorando el mes pasado a cada equipo con regulaciones actualizadas para el “Almacenamiento y manejo de pelotas de béisbol”. Las instrucciones sobre cómo embarrar una pelota de béisbol son talmúdicas.

“Todas las pelotas de béisbol que se proyecten que podrían ser utilizadas en un juego específico deben embarrarse no más de 3 horas después que todas las otras pelotas que se usen en ese juego y deben embarrarse el mismo día que serán usadas (…) Las pelotas de béisbol no deben estar fuera del humidificador por más de dos horas en cualquier momento antes del primer lanzamiento (…) Se debe frotar con barro cada pelota de béisbol durante al menos 30 segundos para garantizar que el lodo se frote de forma completa y consistente en toda la superficie de cuero de la pelota (…)”.

El simple acto es sorprendentemente solemne, como si la integridad del pasatiempo nacional dependiera de la comunión entre una pelota hecha en Costa Rica y el barro sacado con una pala de un río de Nueva Jersey.

Pero Jim Bintliff, el recolector del barro, sabe mejor que nadie que las tendencias, como las mareas, siempre están cambiando. Lo único que puede hacer por ahora es seguir honrando un ritual iniciado por un jugador casi olvidado de la era de la pelota muerta que vive en cada lanzamiento.

Hace unos días, Bintliff arrojó su pala de punta plana en su camioneta y se dirigió de nuevo al lugar secreto. Regresó con 20 cubos de hermosa y sucia tradición.