23 septiembre 2022

Nueve errores sobre Haití

 


Un noveno error, y el más perverso, es prohijar o promover una migración haitiana descontrolada a República Dominicana para solucionar transitoriamente la situación haitiana.

Después de abordar Haití en mi última entrega desde una perspectiva geopolítica, quiero abordarlo desde el punto de visto de la conflictualidad y su gestión. Para entender el fracaso, lo primero que debe hacerse es una evaluación del proceso y de los análisis y abordajes utilizados por intelectuales haitianos y organismos internacionales que con cierto poder e influencia han tratado el tema. A estos fines, planteo las siguientes observaciones erráticas que se han cometido:

Un primer error que se ha cometido para abordar el tema haitiano es confundir los síntomas con las causas. Se ha intentado incluir en su solución solamente a una pequeña parte de la sociedad, como si la solución estuviera exclusivamente en esta y no en todo el pueblo haitiano.

Como si se quisiera analizar el hambre de una comunidad como “insuficiencia de ingestión de alimentos”, no como un problema socio-económico. La crisis humanitaria es una consecuencia y esta no debe decidir políticas públicas de largo aliento.

Un segundo error es proveer a la historia del conflictualidad de un principio y un final, coincidiendo con unos intervalos limitados de violencia, desde la primera erupción violenta hasta el cese visible, todo esto crea más confusión e incapacidad de gestión. Haití tiene un problema sistémico y lo sistémico no tiene solución inmediata, sino de largo plazo.

La violencia viene desde su origen, desde su fundación en 1804. Su incapacidad de gestión eficiente, democrática y republicana también, quisieron sustituir las monarquías francesas creando sus propias monarquías.

No entendieron que los sistemas políticos no son construcciones artificiales. Son el producto de los procesos históricos.

Un tercer error es no comprender que todo conflicto violento, por su naturaleza turbulenta, es un fenómeno caótico. Lo contrario del caos no es el control, es el orden. Los tiranos se hacen con el control, los estadistas crean el orden. En otras palabras, les ha faltado más estadistas capaces de construir acuerdos políticos sostenibles y les ha sobrado tiranos capaces de imponer criterios personales.

Un cuarto error es no comprender que la violencia visible que por siglos ha vivido ese pueblo tiene sus raíces en estructuras violentas, profundamente injustas, autoritarias de sus colonizadores primero y de su clase dominante después. Y sobre todo una cultura y unas creencias profundamente violentas.

Debe entenderse que nacieron como pueblo independiente gracias al horror y la violencia. Mas que libertad, buscaron venganza, y es aquí donde se debe trabajar con vocación de permanencia para construir al menos gobernabilidad. En consecuencia, toma tiempo, implica necesariamente políticas públicas de largo plazo, auto sostenibles, cuyo fundamento y objetivo es el ser humano y la construcción de una cultura y una estructura de institucionalidad.

- Un quinto error es no comprender que esa violencia visible que vive hoy y en las últimas décadas tiene una prehistoria, una historia paralela y una posthistoria, en áreas e intervalos sin límites. Entender que la violencia visible es el efecto, es el síntoma, la consecuencia, no necesariamente la causa. Aunque como tal, suele ser generadora de más violencia, por el mimetismo social y efecto viral.

Pacificar Haití puede empezar con ejércitos. Pero construir una paz y una prosperidad sostenible, aunque transitoriamente empieza a partir del control, años más tarde debe pasar al orden legal y constitucional.

Un sexto error es no comprender el decidido compromiso de sus elites intelectuales y políticas, por tanto, del pueblo hacia el victimismo. Culpar de manera permanente, como política nacional, a todo el mundo, primero Francia, y en especial a la República Dominicana de todos sus males, profundiza su incapacidad de auto gestión. Es imposible construir soluciones con una sociedad que culpa al otro de sus males. Pues está desempoderada, sin autoestima social para superar la situación, pero con mucho resentimiento social para culpar a otros de su situación. De esta forma, la única solución posible viene de fuera, no de ellos. Cero poder sobre su destino.

Un séptimo error es no querer asimilar que somos dos países muy distintos, con cultura, idiosincrasia, creencias religiosas y espirituales, historia, economía y cosmovisión totalmente diferentes. En este sentido han comprado internamente el relato haitiano de que República Dominicana no tiene derecho a la existencia propia, soberana. Que la frontera no tiene razón de existir pues los dominicanos son los intrusos. Es decir, “con República Dominicana debemos hacer lo mismo que hicimos con Francia”. Esto dificulta todo proceso de diálogo y negociación interno e internacional.

Un octavo error es no incluir a toda la comunidad internacional en una solución sistémica y en especial a Francia como gran responsable de la catástrofe haitiana, por razones muy conocidas, ya explicada por esta columna en artículos precedentes. Ni responsabilizar la clase dominante haitiana en la solución, la cual, desde su origen, ha sido la más determinante en su tragedia.

Un noveno error, y el más perverso, es prohijar o promover una migración haitiana descontrolada a República Dominicana para solucionar transitoriamente la situación haitiana. Sabiendo que eso nunca ha funcionado a nivel internacional pues propaga el problema, destruye al país receptor y crea, años más tarde, situaciones de apartheid.

Nuestro país debe permanecer unido, respetuoso pero muy firme en base a sus principios como nación libre, independiente y soberana. No estamos contra Haití, estamos a favor de la República Dominicana.